En el recorrido por el cementerio, hay lugares donde uno se detiene por la belleza de las esculturas. Si, además se conoce la historia, pareciera que se aprecia más y se ve con otros ojos.
La bóveda más buscada del cementerio no tiene nada de llamativo, pero en ella se encuentra el cuerpo embalsamado de Eva Perón, más conocida como Evita, quien murió con 33 años de edad. Su cuerpo fue robado de la CGT por la llamada "Revolución Libertadora", quien se encargó de ultrajarlo y esconderlo por 14 años. Muchos años estuvo enterrada con un nombre falso, en Italia. En 1971 fue devuelto a Perón en España, pero recién en 1976 sería entregado a la familia Duarte, quien dispuso su entierro en la bóveda familiar.
El cuento Esa mujer de Rodolfo Walsh, tiene como tema el secuestro del cadáver de Evita.
Todos los turistas y curiosos, buscan por el cementerio su tumba un tanto difícil de encontrar. Por eso, nos acercamos a una guía que paseaba a una pareja inglesa para pedirle indicaciones. Ella, muy amable, nos dijo que iba para ese lado y que nos llevaría. En el camino, se detuvo frente a la tumba de Rufina Cambaceres y yo comencé a reírme (interiormente), porque imaginaba la cara de la pareja cuando conociera una de las historias más tenebrosas del cementerio.
Rufina era una jovencita de sociedad, hija del escritor Eugenio Cambaceres y una ex bailarina.
En mayo de 1903, el día que cumplía 19 años, Rufina se preparaba para ir a una gala lírica en el teatro Colón. Sorpresivamente, fue encontrada muerta y los médicos le diagnosticaron un síncope. Hay dos versiones sobre los supuestos motivos de esta muerte. Uno, que esa noche se enteró que su madre era la amante de su enamorado, Hipólito Irigoyen, quien llegaría a ser presidente de la nación. Otra versión cuenta que la madre le suministraba un soporífero para que poder encontrarse secretamente con su amante y que le pudo haber provocado un estado de coma.
Sin importar los motivos, a la joven se la enterró en el cementerio de la Recoleta y, poco después, se encontró su ataúd con señales de violencia. Aparentemente, la joven había sido sepultada viva en un ataque de catalepsia.
En su tumba, podemos ver una imagen de una joven tomando el picaporte de la puerta de entrada.
Otra bóveda que llama la atención, es la de una joven artista, Liliana Crociati, quien murió en un alud en Austria, durante su luna de miel.
Está representada con su vestido de novia y Sabú, su perro, que murió el mismo día en Buenos Aires. El lugar tiene un estilo neogótico y se puede observar su cajón cubierto por un sari rojo que ella había comprado en la India.
Arriba, mausoleo de Marco Avellaneda (1813-1841), político tucumano y padre del presidente Nicolás Avellaneda.
Este domingo se celebra el Día de la Madre, un beso para todas y en especial para la mía, que cuando vea la foto se va a querer morir.








