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sábado, 17 de julio de 2010

Me llaman Artemio Furia


Hace poco leí que las ventas de novelas históricas se dispararon con motivo del Bicentenario.
Dentro de éste tipo de novelas, Me llaman Artemio Furia, de Florencia Bonelli, forma parte del un género que se está volviendo muy popular en la Argentina, que es romántico gauchesco o romántico histórico.
La frase "Recuerda quién eres", marca la vida de Artemio Furia, un gaucho inusual, por su crianza, sus secretos, sus cabellos rubios y sus ojos turquesas. Un trabajador rural de la provincia de Buenos Aires en los años previos a la Revolución de Mayo que tiene una historia oculta y una venganza que cumplir.
En sus planes se cruzará una niña de sociedad, Rafaela Palafox y Binda,una joven de carácter sumiso, crecerá para hacer frente a rumores falsos y al convertirse en sostén de su familia,
El amor entre ellos no será fácil, las diferencias sociales y culturales entre ambos se interpondrán continuamente. La sed de venganza de Artemio y sus secretos complicarán aún más su relación.
Todo enmarcado en una época agitada de la historia, cuando los deseos de independencia se confrontaban con las ideas arraigadas de mantener las cosas como estaban.
Conozco a varias mujeres que se han enamorado del personaje de Artemio Furia, particularmente, no me ha enloquecido. Sin tener en cuenta su descripción física que ronda la perfección, sus modales y vocabulario, la forma en que trata a Rafaela, exponiéndola a las críticas, humillándola de la peor manera imaginable, definitivamente, ese estilo de "macho argentino" no es para mí.
La novela no sigue una línea temporal, por lo que se va conociendo la verdadera historia a medida que se avanza en la lectura.
Es una novela entretenida, con personajes fuertes y gran carga de pasión, pero no es un estilo para cualquiera. Condición fundamental para leerla, no estar pasando por una etapa de ironía frente al romance.

Patricia, si te ha dado ganas de conocer a Artemio, es el libro que tengo pensado enviarte en cuanto regreses de tus vacaciones.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Indias blancas


Conocí a Florencia Bonelli a través de varios blogs amigos que aman sus libros. No soy muy fanática de la novela romántica histórica, pero caí en la tentación de comprar Artemio Furia, que si bien no me enloqueció, me pareció bien escrito. Tiempo después, se lo recomendé a una amiga, que quedó enamorada del libro y ahora es una más de la legión de fanáticas Bonelli.

Ella es quien me recomendó que lea Indias Blancas y su segunda parte, Indias Blancas, la vuelta del ranquel.


Esta es una historia de indios, malones y mujeres cautivas. Pero también de blancos deseosos de extender la llamada «civilización» a lo largo y ancho del país. De una familia que guarda celosamente secretos que irrumpen con fuerza en los momentos más inesperados. De una sociedad pacata que no perdona a los que osan transgredir sus normas. Y de unas personas, pocas, que se animan a tomar el camino de sus deseos más profundos. Indias Blancas es, sobre todo, la historia de un amor que no conoce límites.
En 1870, Laura Escalante, una mujer de linaje intachable, comete un gravísimo error: enamorarse de un indio, el ranquel Nahueltruz Guor. En el lejano sur de Córdoba, cerca del país de los Ranculches, el amor que se profesan encuentra su lugar. Pero no por mucho tiempo. Un sinfín de fuerzas antagónicas se opondrá a esta relación: la Iglesia, la familia de Laura, su eterno pretendiente, el mundo mismo. Laura sabe que el desafío es enorme, pero guiada por el recuerdo de su tía Blanca Montes (cautiva del cacique Mariano Rosas) luchará por convertirse en otra «india blanca».

Y ahora, temiendo por mi vida (las fanáticas de Bonelli son peor que los malones), debo decir que, aunque está bien escrito, no me gustó.

La historia entre la “chica de sociedad” que se enamora de quien no debe, en este caso un indio, no es nada nuevo, pero no ése mi problema con esta novela. Mi mayor problema es que no me gustaron los personajes. Laura Escalante y Nahueltruz. Ninguno de los dos me enganchó.

Ella, tan decidida y controversial para algunas cosas, la noto muy sumisa en otras. Él, a quien se supone un indio con educación, en más de un momento no lo demuestra, pero en especial en una escena donde describe una especie de violación que me cayó de lo peor.
Pero sacando los aspectos negativos, me gustó el cruce de historias, el paralelismo entre la historia de amor entre Laura y Nahuel y la de su tía, Blanca Montes, a través de la lectura de su diario.

Indias Blancas, la vuelta del ranquel, continúa la historia entre Laura y Nahueltruz, que no terminó bien el primer libro.


Dicen que los indios jamás olvidan una ofensa, que la venganza entre ellos es cosa sagrada y que todo lo que tienen de agradecidos y humanitarios lo tienen de rencorosos y vengativos. Y aunque Lorenzo Rosas vista a la última moda parisina y hable tres lenguas, en su fuero íntimo sigue siendo Nahueltruz Guor, el ranquel que seis años atrás juró destruir al culpable de su desdicha: Laura Escalante. En la sociedad porteña ella es conocida como la viuda de Riglos, una mujer hermosa, rica, inalcanzable. Dueña de una editorial, se mide ideológicamente con figuras de la talla de Sarmiento y Mansilla y escribe un folletín que mantiene vilo a muchas lectoras. Se le atribuyen, además, varios affaires, el más resonante con el general Julio Roca, quien se apresta para su conquista del indio. Pero lo cierto es que, detrás de esa imagen de mujer fatal, Laura esconde un alma sensible y un corazón destrozado. El rencor de Nahueltruz parece tan profundo como el amor que ella siente por él. En medio de esta lucha de voluntades poderosas, los fantasmas del pasado reaparecen para complicar la situación y se interponen nuevos obstáculos y malentendidos. ¿Podrá Nahueltruz vencer el odio que lo domina y perdonarla? Su felicidad y la de Laura dependen de la respuesta. Amparada en un manejo impecable de la intriga y en una fuerza narrativa arrolladora, Florencia Bonelli ata y desata en Indias Blanca los hilos de una trama palpitante destinada a dejar honda huella en el recuerdo de sus lectores.

La secuela, retoma la historia varios años después. Laura es ahora una viuda poderosa de la sociedad porteña. No sabe nada sobre Nahueltruz, hasta que este se aparece como un caballero rico y cultivado recién llegado desde Europa.

Ella, que se puede dar el lujo de no depender de ningún hombre, que es la “rebelde” de la alta sociedad, que se codea con los intelectuales de Buenos Aires, vuelve a la postura sumisa cuando está frente a Lorenzo Rosas.

Él, sencillamente odioso. Le hace los mil desprecios posibles. Por la mitad de desprecios que le hace, yo me hubiese convertido en Lorena Bobbit y ahí sí que hubiese dado que hablar a la high society!

Pero como dice la canción, “el amor es más fuerte”, las venganzas personales, los odios y rencores, todo quedará perdonado, porque en el fondo se quieren.
Lorenzo/Nahuel, le perdonará su “debilidad”, ella, sus desprecios. Yo, en cambio, demostrando ser más rencorosa que Lorenzo, no le perdonaré a Bonelli que la señora Riglos tenga un romance con un personaje histórico argentino bastante cuestionable en sus acciones.

Bien escrito, con un trasfondo histórico, con personajes que se aman o se odian (la mayoría los ama), es un libro para las que adoran las novelas románticas, no para las mujeres que estén pasando por una etapa donde perciban al amor con una visión ácida y un poco irónica (que en mi caso, ya viene extendiéndose de hace rato).